El último legado de la forma suite

Ellingtonia

Autores/as

  • Manuel I. Ferrand

Palabras clave:

Duke Ellington, composición, concierto, orquesta

Resumen

Las formas sonata, concierto, poema sinfónico o suite han pasado hace siglos la prueba de la caducidad. Acaso alentado por esta máxima, y a pesar del desdén de la crítica y en contra de la mayor parte de su audiencia, Ellington nunca dejó de escribir fonnas extensas consagradas por la tradición europea; probablemente también en contra de la orquesta misma, que veía mermadas sus posibilidades de expresión individual al interpretar composiciones mayores: un elemento como la espontaneidad colectiva no es fácilmente prolongable y no son pocas las suites en las que la frescura ha sido sacrificada en aras de la ambición. Nunca escribió partituras para que otras orquestas tocaran estas formas (en tomo a las 30 llegó a concebir), más propias de la sala de conciertos que del ballroom; en Ellington, al contrario que en Gershwin, no existió la doble naturaleza de inspiración. No fue un compositor en el sentido convencional de hacerse independiente del placer
de escuchar, en los instrumentos de sus hombres de confianza, la música recién compuesta. Adoptó formas propias de la tradición clásica (concierto grosso, suite, concierto sacro, poema sinfónico), pero nunca dejó de tener en mente la  respuesta inmediata de sus músicos. La orquesta siguió siendo su vehículo de compositor, como taller de experimentación e improvisación: "lo que escribo hoy, hoy mismo lo escucho". Era consciente de que la orquesta fue para bien o para mal su rémora, pero sobre todo su más depurada obra artística. También en esto, incluso cuando ejerció su faceta más cándidamente cultista, se mantuvo como hombre específicamente de jazz.

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Publicado

1994-05-01

Número

Sección

Artículos

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